Ya he hablado alguna vez de mi amigo Toño.
Un señor de 58 años.
Muy clásico.
Un ‘hombre de bien’ (como le gusta denominarse).
También he contado cómo siempre me pregunta por mis aventuras sexuales para luego llamarme guarro.
Pero bien que se las cuenta luego a su mujer mientras comen.
El caso.
Que tuve una novia.
Y a Toño le encantaba mi novia.
Le caía muy bien y la quería mucho.
Siempre me decía que no la dejase escapar y que tenía mucha suerte de que fuera mi novia.
Sigue hablando de ella años después de que rompiésemos.
Porque hay algo de ella que se quedó grabado en su mente y que dudo que salga de ahí alguna vez.
Sus tetas.
Estaba y está obsesionado con ellas.
Siempre me dice que son las mejores tetas que ha visto en la vida.
¿Y sabes por qué le obsesionan tanto esas tetas?
Porque su mujer no las tenía tan grandes.
Por eso le llamaron la atención.
Porque era algo que él no tenía.
(Bueno, su mujer, pero ya me entiendes).
Era la gran solución (las dos grandes soluciones, de hecho) a su problema.
Que le gustaban las tetas grandes y no podía disfrutarlas.
Tu comunicación tiene que conseguir lo mismo que esas tetas:
Meterse en la mente de tu potencial cliente y que no pueda pensar en otra cosa.
Porque tu producto es la solución a su problema.
Y hay muchas formas de comunicar…
Pero sólo una para que tu negocio tire más que dos carretas.
¿Y qué forma es esa?
