Bailarina borracha te ayuda en tu negocio.

Estaba en una fiesta en casa de un amigo.

En la planta 27 de uno de los mejores y más céntricos edificios de Madrid.

Porque este amigo tiene mucha pasta.

Y se relaciona con gente de mucha pasta.

(Bueno… y conmigo también).

Y le gusta hacer fiestas en su casa del piso 27 de uno de los mejores y más céntricos edificios de Madrid.

Pues en estas fiestas generalmente puedes conocer a políticos (de los que tienen una silla en el Congreso, aunque muchas veces ni vayan a ocuparla), gente de la tele, embajadores de otros países, altos directivos de empresas importantes, gente de la tele…

Y ese día, en esa fiesta, a una bailarina de ballet.

¡Uuuuh estaba bien buena!

Una chica guapísima.

Con el cuerpo atlético y delicado típico de una bailarina.

Llevaba puesto un vestido cortito que te enseñaba sus largas y tonificadas piernas.

Y tan ajustado que te dejaba ver la increíble figura de ese cuerpo de bailarina de ballet.

Pues la chica además de ser guapísima y estar bien buena era muy maja.

Daba gusto hablar con ella.

Y además tenía conversaciones muy interesantes.

Me gustaba la bailarina.

Y fue avanzando la fiesta.

Y las copas de vino que se iba tomando.

Cuando ya era la una de la mañana o así, mi amigo (el dueño de la casa del piso 27 de uno de los mejores y más céntricos edificios de Madrid) nos dijo que nos invitaba a un reservado de una de las discotecas más de moda de Madrid y que además está muy cerca de su casa.

Así que fuimos todos.

A mí no me gusta bailar…

¿Pero quién puede desaprovechar la oportunidad de bailar con una bailarina profesional que es guapísima y está bien buena?

Ya en la discoteca la bailarina se me pone a bailar muy muy pegadita.

A mover su cuerpo espectacular rozando el mío.

Me rodea el cuello con sus brazos.

Acerca su cara a la mía.

Va a besarme…

Y le hago la cobra.

Sí sí.

Le hice tan tremenda cobra que casi me hago un esguince cervical.

Y es que la tía ya iba demasiado borracha.

Se había pasado con los vinos.

Y a mí la gente borracha no me gusta.

Me da asquete.

Y por muy buena que esté una tía (y créeme que esta lo estaba)…

No me pone si está borracha.

Al igual que las tías borrachas no son para mí (por muy buenas que estén y por mucho que se empeñen en liarse conmigo)…

Hay muchos clientes que no son para tu negocio.

Muchos clientes a los que deberías hacer la cobra en vez de comerles la polla como sueles hacer.

Porque esos clientes sólo te perjudican.

No le hacen ningún bien a tu negocio.

Y a riesgo de parecer que estoy loco…

Te digo que deberías rechazar clientes.

Al igual que yo rechacé a esa bailarina borracha guapísima y con cuerpo de escándalo.

Yo es un consejo que te doy.

Luego tú harás lo que quieras con tu negocio.

Ahora.

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