Cuando me rompí el tendón de Aquiles empecé a hacer rehabilitación en una clínica.
Era una sola fisio para un montón de pacientes, cada uno con su movida.
Pero todos, absolutamente todos, le hacían caso sin cuestionarla.
Y esto era así porque la chica mostraba muchísima autoridad ante sus pacientes.
La autoridad no se la daban ni los conocimientos que tenía ni los másteres.
Se la daba sobre todo el tono con el que se dirigía a los pacientes.
Amable pero dominante.
Suave y firme a la vez.
Autoritaria sólo por cómo comunicaba.
Pero con todo lo autoritaria que era en su trabajo…
Era totalmente opuesta en la cama.
Sumisa total.
(Alguna vez intentaba dominar ella para que el sumiso fuera yo… pero siempre se reinstauraban los roles. Y eso que yo me dejaba).
Le gustaba mucho más que yo la cogiera del cuello y la ahogase mientras se la metía.
O que le pusiera los grilletes, atándole las manos a la espalda totalmente indefensa, y la colocara boca abajo en la cama para follarle el culo hasta que se lo llenase de leche.
O ponerla de rodillas para que me la chupase hasta que me corriese en su boca.
Y es que puedes ser el más sumiso y pelele del mundo.
Que te apasione que te dominen en la cama y que te traten como a un perro o a un esclavo.
O que vivas acojonado por tu mujer y le tengas que pedir permiso hasta para ir a cagar por si acaso te echa otra de sus broncas.
Puedes ser así en tu vida personal.
Pero en tu negocio no.
Tienes que ser la persona más segura de la Tierra.
Hacer ver que tienes toda la autoridad y que nadie te la puede quitar.
Porque si no tus clientes se van a ir con la competencia.
Y eso lo tienes que hacer ya desde tu comunicación.
Igual que lo hacía mi fisio.
Y para tener una comunicación que muestre más autoridad que la que te dan unos grilletes y llenarle el culo de leche a alguien…
