Me gusta el dinero.
Como a todos.
Por eso trabajamos a cambio de dinero.
Muchas veces en trabajos de mierda.
Pues uno de esos trabajos de mierda que tuve a cambio de muy poco dinero fue ser teleoperador de Vodafone.
De esos que te llaman a la hora de la siesta, sí.
Y básicamente me dedicaba a llamar a clientes que ya eran de Vodafone para venderles otros productos.
Aunque mucha gente aprovechaba mi llamada no para comprar… sino para quejarse, gritarme e insultarme.
Que los entiendo.
Porque vaya putadas les hacían.
En muchos casos rozaban la estafa.
Pero ¡EH!
A mí que no me hablen con ese tono de piel que no soy de atención al cliente.
Las llamadas que hacíamos cada día en realidad las hacía una máquina.
Cogía números de una lista y se ponía a llamar automáticamente.
Si descolgaban el teléfono y tú estabas libre, te pasaban la llamada.
Pues un día me entró una llamada muy curiosa.
Me presento y digo que llamo de Vodafone.
¡PUUUUUUUUUUUUM!
Como si hubiera explotado una bomba.
El tío me empezó a gritar y a decirme que era una vergüenza que el había contratado una tarifa de 20 € mensuales pero que todos los meses le estaban cobrando alrededor de 200.
Yo como tenía acceso a la ficha y a las facturas del cliente, entro para ver si le puedo ayudar.
(A pesar de que no se lo merecía por impertinente y maleducado. Pero es que mi gran defecto es que soy demasiado buena persona).
Pues abro una de sus últimas facturas y veo que efectivamente le habían cobrado 200 €.
20 € eran de su tarifa.
Eso estaba bien.
Pero los otros 180 eran de suscripciones a páginas porno.
No recuerdo exactamente cuáles eran…
Pero puedo decir que no eran ‘convencionales’.
Entonces le pregunto al tío:
– ¿Pero sabes por qué estás pagando todo esto de más? ¿Has visto tu factura?
– ¡No! ¡Porque cada vez que llamo me dicen que no lo pueden ver y que llame a otro número o que vaya a la tienda pero ahí me dicen exactamente lo mismo!
– Bueno, pues no sé por qué le habrán dicho esto porque yo estoy viendo aquí que está suscrito a varias páginas porno que le están cobrando cuotas mensuales.
– ¡¿QUUUUEÉ?! ¡Imposible! Yo no entro en esos sitios…
Ya claro.
Y yo tampoco he follado nunca con una fea.
¿No te jode?
Al final no sé que haría con lo de sus suscripciones.
Pero yo ese día aprendí dos cosas:
Primero.
Que la mayoría de gente tiene miedo o vergüenza de decir la verdad cuando piensan que es mala o puede ofender.
Y segundo.
Que la gente es muy raro que admita sus propios errores.
Así que si tú dices la verdad por mala que sea y reconoces tus propios errores… te diferenciarás del 99% de la población mundial.
Destacarás.
Y serás percibido como una persona honesta.
Y la gente confiará más en ti.
Por lo que te comprarán mucho más al elegir siempre antes a una persona de confianza que a una que no es honesta.
Y si quieres que la gente confía aún mucho más en ti y te compre aún más…
