Ayer di una lección tremenda y diferente en el email diario que mando a mi lista de suscriptores.
Si no estabas dentro, te la perdiste para siempre.
Lo siento por ti.
Haber sido más espabilado.
Pero la historia que conté es me resulta bastante buena para hacerte ver por qué no deberías perderte ni uno solo de mis emails.
Así que te voy a hablar de ella.
Estoy bastante tatuado.
Y cada vez más.
Generalmente me tatúo con el mismo tatuador porque tengo un proyecto de cuerpo completo.
Y cuando pasas tantas horas con un tío que te la clava una y otra vez… pues habláis de cosas.
Me clava la aguja, pedazo de guarro.
Que seguro que estabas ya pensando en cochinadas.
Pues un día nos pusimos a hablar de cine.
Y me dijo que de sus pelis favoritas era ‘Avatar’.
No sólo por los efectos especiales, que también.
Sino porque decía que era una historia muy original.
– ¿Original? – le pregunté extrañado.
– Sí. Me parece una historia novedosa.
– Pero si ‘Avatar’ es ‘Pocahontas’ pero en el espacio.
Se me quedó mirando con cara de no comprender.
Inmóvil.
Con la aguja suspendida en el aire y una gota de tinta negra a punto de resbalarse de ella y caer.
Su mirada se fue perdiendo en el infinito.
Hasta que vuelve en sí y me dice:
– ¡Qué cabrón! No lo había pensado así. Me has jodido la peli.
Por si aún no has visto la relación, esas dos pelis tienen exactamente la misma historia.
Un grupo de soldados blancos va a una tierra desconocida a extraer un metal para hacerse ricos (oro en ‘Pocahontas’, inoctanio en ‘Avatar?), quieren matar a los nativos de allí para conseguir ese metal, el soldado protagonista se enamora de la hija del jefe de los nativos y se enfrenta a su propio grupo para defender a los de la tribu de allí.
Es un puto calco.
¿Y por qué dos cosas que son lo mismo son percibidas por la gente por algo totalmente diferente?
Por cómo lo han comunicado.
Porque la clave para diferenciarte es la comunicación.
Y si tú también quieres ser diferente (y de paso no perderte ninguna de mis lecciones diarias)…
