Cuanto más vago, mejor lo hago.

Soy muy vago.

Lo tengo que reconocer.

Pero cuanto más vago, mejor lo hago.

¡Ya estás pensando cochinadas! ¿Eh guarrillo?

No me refiero al sexo.

Ahí soy infatigable.

A lo que me refiero que hago mejor siendo más vago es a encontrar soluciones.

Eso siempre se me ha dado muy bien.

Encontrar soluciones sencillas que no me requieran mucho esfuerzo a problemas que a priori parecían complicados y agotadores.

Y además siempre tenía a Guillermo de Ockham y su navaja como argumento irrefutable de que siempre llevo la razón.

Pues estaba yo en 3º de ESO (efectivamente fui a la ESO porque aún soy joven. Y muy atractivo) y mi profesor de Matemáticas me odiaba.

Me odiaba porque era muy vago.

Tú me dirás que es la típica excusa que ponen todos los chavales cuando suspenden.

¡Pues te has pasado de listo!

Pues no sólo no suspendía, sino que sacaba de notable para arriba. La mayoría de veces nueves y dieces (lo habría puesto con números pero es que así rima espectacular).

Yo sabía que el profesor me odiaba porque me lo decía a la cara.

Como era muy vago no solía hacer los deberes (si has leído mi web sabes el porqué).

Y él siempre me los revisaba a mí.

Y como no los llevaba ponía su cuaderno de notas en mi mesa, delante de mis narices, y escribía un 0 bien grande y redondito al lado de mi nombre.

Lo escribía bien despacio, recreándose, mientras me decía muy bajito para que sólo yo lo oyese:

«Qué ganas tengo de suspenderte…»

Un día me viene un compañero de otra clase a decirme que si le podía echar una mano con los deberes de Mates.

Él quería que le dejase copiar los míos, porque como íbamos al mismo curso y el profesor era el mismo para las dos clases, solía poner los mismos deberes.

Pero justo ese día les había explicado a ellos la siguiente lección, que a nosotros nos tocaba al día siguiente porque ese día no habíamos tenido clase con él.

Pues el colega me enseña el problema.

Miro el problema.

Miro al colega.

Vuelvo a mirar al problema.

Y le digo:

«¿Sabes que esto se resuelve con Pitágoras?»

Con el famoso Teorema de Pitágoras, vamos.

El de los triángulos.

El de la hipotenusa y los catetos como tú.

Ése.

Algo que prácticamente se aprende en 1º de Vida.

Y no me hizo falta ni abrir el libro y mirar el complicadísimo método que quería el profesor que usara.

Al día siguiente me viene el profe de Mates con el cuaderno del compañero.

Me lo pone delante de mi bonita cara y me pregunta:

«¿Has hecho tú esto?»

Le respondí que sí, porque también soy vago hasta para mentir.

Y me dice:

«Me parece una solución muy inteligente. Y muy simple. Ni siquiera a mí se me había ocurrido.»

Al final Ockham resulta que iba a tener razón cuando dijo que «la solución más sencilla suele ser la correcta».

No hace falta usar métodos hipercomplicados ni superenrevesados para obtener los mejores resultados.

Con métodos sencillos se obtienen los mismos resultados o incluso mejores.

Y eso te hace más inteligente.

Y hablando de cosas que te hacen más inteligente…

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