Ya sabes lo que es el emailmarketing, ¿verdad?
Si no, puedes leer éste artículo y luego volver aquí para enterarte del mayor secreto para un paleto sobre emailmarketing:
¿Qué cojones es el emailmarketing?
Una vez lo hayas leído y sepas lo que es, sabrás aprovechar mucho mejor este secreto para que hasta un paleto haga buen emailmarketing.
Pero hablando de paletos…
Viví en Estados Unidos.
En un pueblo pequeño del estado de Connecticut llamado Chester.
Trabajaba en un campamento que había allí.
El típico campamento americano de las películas americanas lleno de niños americanos en medio de un bosque americano y con un lago americano y hogueras americanas para asar nubes de azúcar americanas.
Allí los americanos son tan americanos, que todos los días a la 7 am teníamos que ir a jurar lealtad a la bandera americana.
Todos los putos días.
A las putas 7 de la mañana.
El caso.
Que trabajaba de monitor en ese campamento.
Y tenía un grupo de unos 10 niños de entre 6 y 10 años.
De esas edades había como 140 niños. Luego había niños más mayores.
Pero de esa edad, que eran con los que trabajaba yo, había como 140.
Repartidos en grupos de 10.
Yo me encargaba de mis 10 niños y el resto de monitores de los suyos.
Pues básicamente el trabajo era acompañar a los niños a cada una de las actividades que tenían durante el día.
Estar con ellos, vamos.
Que es lo que hacían todos los monitores.
Yo en cambio, hacía las actividades con ellos como si fuera uno más:
Que había que ir a hacer piragua al lago… Pues cogía una y remaba con ellos. Y hacíamos carreras.
Que había que ir a escalar… Pues me ponía el arnés y a ver quién subía más alto.
Que había que hacer velas… Pues cogía una mecha y a añadirle cera.
Yo no es que estuviera con ellos…
Es que era uno de ellos.
Para que te hagas una idea de la relación tan estrecha que tenía con mis niños y cómo la gente se da cuenta de esos vínculos, los niños de otros grupos acudían a mí cuando tenían algún problema.
A mí en vez de a su monitor que en teoría es su persona de confianza en el campamento.
A mí que ni siquiera me sabía sus nombres porque ya bastante tenía con recordar los 10 de mis niños y no los de los 140 que había.
Pues después de comer, todos los días teníamos lo que ahí se llamaba ‘beach party’.
Era simplemente que los niños podía pasar la tarde bañándose y jugando en el lago.
Para todos los monitores, era su momento de estar sentaditos hablando entre ellos y haciéndose pulseras unos a otros y de sudar pollas de los niños.
Es que de verdad vi cómo más de una vez los monitores les decían a los niños que se fueran para allá a jugar con la arena y con el agua para que los dejasen en paz
¿Y yo qué hacía?
¿Quedarme sentado con esos paletos haciendo pulseritas de ‘Best Friends Forever’ cuando ni ellos me caían bien ni yo a ellos?
(Aunque ellos me caían peor a mí porque me causaban cierta repulsión, así que gano yo).
Pues no.
Yo estaba todo el rato en el agua con los niños jugando, buceando y lanzándolos por los aires.
Y no sólo con mis niños.
Sino con los niños de los demás grupos también.
Porque venían a jugar conmigo.
En las actividades que podían elegir irse con un monitor u otro, se iban conmigo (aunque la actividad que me había tocado fuese una puta mierda).
Pues ese vínculo se hizo tan fuerte, que el último día de campamento pasó algo que dejó alucinados a los demás monitores…
Y es que cuando compré el billete de avión para venirme a España una vez se hubiera acabado el campamento, no tuve en cuenta el cambio horario y mi avión salía justo el mismo día que acababa el campamento.
El campamento acababa un viernes y yo quería irme a España al día siguiente, sábado.
Y efectivamente llegaba a España el sábado por la tarde.
Pero para llegar a España el sábado por la tarde, el avión salía de Nueva York a las 9 de la noche.
A la 21 horas.
Y tenía que estar la hora y media antes que te dicen que estés para facturar.
Y tenía 3 horas de tren desde el pueblo hasta Nueva York.
Más lo que tardase en llegar de la estación de tren hasta el aeropuerto.
Así que me tuve que ir antes de que acabase el campamento.
Justo a mitad de la ‘beach party’ de esa tarde.
Pues estaba ahí en el lago con mis niños y viene uno de los directores del campamento para avisarme de que fuese a recoger mis cosas para que me llevase a la estación que el tren a Nueva York iba a salir en breve.
Entonces me empiezo a despedir de los compañeros y de mis niños.
Y los niños hacen un corro a mi alrededor, abrazándome. Algunos incluso llorando.
Y no sólo mis niños.
También los de otros grupos me rodearon abrazándome y llorando.
Especialmente Elyanna y Cloe.
Más que llorar parecía que les estaba dando un ataque de ansiedad.
Y entre lágrimas y mocos y algún que otro moco, me hicieron prometer que al verano siguiente tenía que volver al campamento y ser su monitor.
Que como llegasen el primer día y yo no estuviese, se iban y no volverían nunca.
Pues esta escena la vio la directora del ‘waterfront’.
La directora del lago, vamos, que allí les gusta tener directores para todo. Hasta para un lago.
Y se acerca a mí, también con lágrimas en los ojos y me dice con su acento de Connecticut:
– Llevo años trabajando con esos niños, algunos incluso han sido de mi grupo, y nunca había visto nada igual.
¿Y cuál es el secreto para que hasta un paleto pueda hacer buen emailmarketing?
Pues el vínculo.
Está claro, ¿no?
Al igual que yo conseguí un vínculo tan fuerte con esos niños que me buscaban cuando tenían cualquier problema para que se lo solucionase…
Tienes que conseguir tú un vínculo igual con tu lista de suscriptores para que sean ellos los que te busquen para solucionar sus problemas con los productos o servicios que vendas.
Que sean ellos los que van detrás de ti para comprarte.
No tú detrás de ellos para venderles.
Así que ésa es la clave.
Ahora.
Que si quieres ver la mejor forma de aplicar este secreto para que hasta un paleto pueda hacer buen emailmarketing…
Te recomiendo que vayas aquí:
La mejor lista de emailmarketing para ser un experto en emailmarketing.
Porque mejor que lo veas tú, a que te lo cuenten.
